Cuando Pido Ayuda: Una Respuesta
Pastoral a la Violencia Doméstica Contra la Mujer
Comite de Obispos sobre el Matrimonio y la Vida Familiar Comite de
Obispos sobre la Mujer en la Sociedad y en la Iglesia Afirmado por los
miembros de la NCCB/USCC Conferencia Nacional de Obispos
Católicos
Ella explicó que tuvo que quedarse con su hermana porque su esposo le
cerró la casa cuando estaba furioso. Él, le informó al consejero en la terapia
de grupo que después del primer par de golpizas, ya no tuvo que volver a
golpearla. Era suficiente amenazarla levantando el puño.
Como pastores de la Iglesia en los Estados Unidos, nos unimos a los obispos
de otros países, especialmente Canadá y Nueva Zelandia, al declarar tan clara y
fuertemente como podamos que la violencia contra la mujer, en el hogar o fuera
del hogar, nunca es justificada. La violencia en cualquier forma - física,
sexual, psicológica, o verbal - es pecaminosa; muchas veces es también un
crimen.
El abuso es un tópico en el que a nadie le gusta pensar. Pero
como éste existe en nuestras parroquias, diócesis y vecindades, presentamos esta
declaración como un primer paso en lo que nosotros esperamos será un contínuo
esfuerzo de la Iglesia en los Estados Unidos para combatir la violencia familiar
en contra de la mujer. Esta declaración es una respuesta a las repetidas
solicitudes de muchas mujeres y hombres a lo largo de los Estados Unidos para
tratar el tema.
Estamos escribiendo acerca de nuestro deseo de ofrecer
los recursos de la Iglesia, tanto a las mujeres que son maltratadas como a los
hombres que abusan de ellas. Ambos grupos necesitan de la fuerza y curación de
Jesús. Estamos escribiendo también sobre la conciencia de que en tiempos de
inestabilidad económica, como el presente, en que los asalariados pierden sus
trabajos o son amenazados con su pérdida, se ven a menudo afectados por un
aumento en la violencia familiar.
A pesar de que estamos enfocando aquí
la violencia en contra de la mujer, ésto no implica de ninguna manera que la
violencia en contra de los hombres o de los jóvenes o los mayores de edad o los
no nacidos sea algo de menor gravedad. En realidad, la violencia en contra de
cualquier persona es contraria al mensaje del Evangelio de Jesús de "Amáos los
unos a los otros como yo los he amado." Cuando la violencia en contra de la
mujer es tolerada, puede ayudar a preparar el escenario para actos violentos en
contra de otros grupos también.
La violencia en contra de la mujer en el
hogar tiene particularmente serias repercusiones. Cuando la mujer es una madre y
la violencia es llevada a cabo delante de sus niños, se crean las condiciones en
el ambiente para un ciclo de violencia que puede ser transmitido de generación
en generación.
Los consejeros de la violencia familiar nos enseñan que la
violencia es un comportamiento aprendido. En algunos casos, los hombres que
cometen el abuso y las mujeres que son abusadas han crecido en hogares donde
ocurría la violencia. En una situación semejante, un niño puede crecer creyendo
que la violencia es un comportamiento aceptable; los niños aprenden que ésta es
una forma de ser poderosos. Los consejeros sobre el abuso dicen que el niño que
haya crecido en un hogar presenciando abuso físico está mil veces más inclinado
a utilizar la violencia en su propia familia. Al mismo tiempo, apenas el 25 por
ciento de los hombres que crecieron en hogares con abuso físico prefirieron no
usar la violencia.
Estamos de acuerdo con los obispos de Quebec, Canadá,
cuando llaman a la comunidad cristiana para "unir sus fuerzas y complementar el
trabajo de aquellas asociaciones y grupos que están actualmente comprometidos en
prevenir y defender esta forma de violencia."1
También estamos
de acuerdo con los líderes de la Iglesia canadiense, quienes han sostenido que
cuando los hombres abusan de la mujer, "reflejan una falta de entendimiento en
nuestra sociedad acerca de la forma en que hombres y mujeres deben relacionarse
unos con otros. Ellos violan los valores básicos cristianos de justicia,
igualdad, respeto, dignidad y paz; van en contra del llamado a la práctica de la
amabilidad, la bondad, la confianza, el soporte mutuo, y de amarnos unos a otros
como a nosotros mismos."2
Reconociendo la seriedad del problema, estamos dirigiendo esta declaración a
varias audiencias:
- primero, a las mujeres que son víctimas de la violencia y que necesitan la
ayuda de la Iglesia para escapar de su dolor y su aislamiento;
- a los párrocos, personal de la parroquia y educadores que a menudo son una
primera línea de defensa para las mujeres que están sufriendo el abuso;
- a los hombres, especialmente a aquellos que como agresores no saben cómo
escaparse del ciclo de violencia, o que no comprenden cómo ésto puede
conseguirse;
- a la sociedad, que lentamente está reconociendo el alcance de la violencia
familiar en contra de la mujer.
NOTA: Esto no quiere decir
que en esta declaración esté todo incluido sobre la violencia en contra de la
mujer. Porque la violencia tiene muchas dimensiones y ramificaciones, esta
declaración intenta ser una introducción junto con algunas sugerencias prácticas
pastorales a las parroquias de lo que pueden hacer ahora en ese
sentido.
|
Un estimado de 3 a 4 millones de mujeres en los Estados Unidos son
maltratadas cada año por sus esposos o parejas.*
Aproximadamente el 37
por ciento de las pacientes obstétricas - de cualquier raza, clase, y tipo de
educación - reportan que son abusadas físicamente cuando están
embarazadas.*
Más del 50 por ciento de las mujeres asesinadas en los
Estados Unidos son asesinadas por sus parejas o ex-parejas. *
En 1987,
375,000 mujeres y niños maltratados fueron atendidos por albergues y casas de
refugio, pero los albergues solamente pueden aceptar un 60 por ciento de
aquellos que necesitan ayuda.**
*Revista de la Asociación Médica
Americana. **Reporte Nacional de la Salud de la Mujer. (Ver la
bibliografía para citas). |
"La evidencia recogida através de los últimos veinte años nos indica que la
violencia física y sexual en contra de la mujer es un problema de enormes
dimensiones. El alto predominio de la violencia en contra de las mujeres las
mantiene en contacto permanente con los médicos; por lo menos una de cada cinco
mujeres atendidas en los departamentos de emergencia han presentado síntomas
relacionados con el abuso." 3 La violencia familiar es la forma más
común de violencia en nuestra sociedad y el crimen menos reportado.
¿Qué
es el abuso? El abuso es cualquier clase de comportamiento utilizado por
una persona para controlar a otra a través del miedo y la intimidación. Este
incluye el abuso emocional y psicológico, los golpes, y el ataque sexual. El
abuso no está limitado a un simple grupo. Penetrando a través de orígenes
raciales y económicos, puede ocurrir en familias de cualquier étnia, economía,
religión y tipo de educación.4
Por el hecho de ocurrir
usualmente en la privacidad de los hogares, la violencia se encuentra a menudo
envuelta en el silencio. Las personas ajenas a la familia vacilan en interferir,
aún cuando suponen que está ocurriendo el abuso. Tradicionalmente, el abuso de
una esposa por su marido ha sido considerado "no solo un asunto de familia sino
virtualmente una prerrogativa del esposo."5 Aún hoy día, algunas
personas - erróneamente - argumentan que la intervención por parte de fuentes
externas pone en peligro el concepto de la santidad del hogar.
Sin
embargo, el abuso, el ataque, o el asesinato no son menos graves por el hecho de
ocurrir dentro de la familia. . . La violencia, ya sea cometida en contra de
miembros de la familia o extraños, es contraria a los mensajes judeo-cristianos
de amor y respeto por la persona."6
Como habíamos dicho, "la
dignidad de una mujer es destruida de una manera particularmente cruel y atroz
cuando se le trata violentamente. Nos conmociona saber que actualmente una de
cada cuatro mujeres será atacada sexualmente en algún momento de su
vida."7
Algunas opiniones psiquiátricas sostienen que en un pequeño porcentaje de
casos, un desorden psicofísico puede desencadenar en conducta violenta. Sin
embargo, en la mayoría de los casos, otras razones pueden explicar el
comportamiento abusivo de los hombres. Los hombres que abusan de las mujeres
llegan a convencerse de que tienen el derecho de hacerlo así. Pueden creer que
la violencia es una manera de disipar la tensión y resolver los problemas - una
versión que la sociedad usualmente apoya. Los golpes y otras formas de abuso
ocurren en una sociedad saturada con la violencia, donde ésta se ve glorificada
en los libros, las películas y la televisión. A menudo, la violencia es
representada como la manera apropiada de responder a situaciones
amenazadoras.
Los hombres abusivos tienden a ser extremadamente celosos,
posesivos, y se enojan fácilmente. Por ejemplo, ellos se pueden poner furiosos
porque su esposa llame muy a menudo a su familia o porque no haya dejado un
mensaje. Muchos tratan de aislar a sus esposas limitando su contacto con la
familia y amigos.
Frecuentemente, los hombres abusivos tienen una baja
auto- estima y se sienten vulnerables y débiles. Tienen una mayor probabilidad
de haber presenciado o experimentado la violencia en algún momento de su
infancia, abusan del alcohol, son sexualmente agresivos con sus esposas, y
constituyen un riesgo para la violencia contra los niños."8
Usualmente, niegan estar cometiendo el abuso, o insisten en que ésto sucede
raramente. Muchos tratan de responsabilizar de su comportamiento abusivo a algún
factor externo a su persona - sus esposas, su trabajo, y así sucesivamente. El
alcohol puede constituir una presencia especialmente determinante en muchos de
los incidentes de violencia familiar. El alcohol y las drogas reducen las
inhibiciones y pueden aumentar la cólera, deteriorar la conciencia de la
persona, insensibilizar e incrementar la cantidad de fuerza que utiliza
usualmente la persona.
Muchos hombres abusivos mantienen el criterio de
que la mujer es inferior. Su conversación y lenguaje revelan sus actitudes en
cuanto a la posición de la mujer en la sociedad. Muchos creen que ser hombre
significa dominar y controlar a la mujer.
Ninguna respuesta explica completamente por qué las mujeres permanecen con
sus agresores. Los psiquiatras reportan que las relaciones abusivas usualmente
derivan de otras relaciones; al principio, ambas partes se aman y recompensan
mutuamente. Durante el proceso, cuando ocurre el primer acto de violencia, la
mujer es probable que sea incrédula aunque esté deseando creerle a su esposo
cuando éste se disculpe y le prometa que nunca más lo repetirá.
Al pasar
el tiempo y repetirse el abuso, muchas mujeres llegan a creer que de alguna
manera deben culparse por las actuaciones de su esposo, o pareja; piensan que si
ellas hubieran actuado en forma diferente el abuso no hubiese ocurrido. En los
momentos en que su amor propio caiga, se sentirán atrapadas en la relación
abusiva, especialmente si tienen niños y no cuentan con ningún otro medio de
apoyo.
Muchas mujeres abusadas se encuentran aisladas y a solas con sus
penas. Aún cuando desean buscar ayuda, no saben hacia dónde ir. Además, muchas
se sienten sumamente avergonzadas para admitir lo que está pasando. Pueden
llegar a creer que son las responsables del éxito o el fracaso del matrimonio.
En consecuencia, muchas mujeres se sienten demasiado avergonzadas para admitir
que el hombre con el cual se casaron o con el que tienen niños, a los que aman,
es el mismo que las está aterrorizando. "La violencia en el hogar usualmente no
permite que una mujer pueda asumir una posición que no sea
defensiva."9
Finalmente, muchas de las esposas maltratadas son
económicamente vulnerables. Es posible que no se crean capaces de mantenerse por
sí mismas, mucho menos a sus hijos. En consecuencia, no ven cómo se podrían
escapar. El resultado es que se vuelven pasivas, ansiosas y depresivas. La
mayoría de ellas son incapaces de visualizar un futuro diferente para sí
mismas.
A través del tiempo el abuso se intensifica, a pesar de que a
veces puede que no incluya la violencia físico. A menudo, la amenaza del abuso
físico es suficiente para aterrorizar a las mujeres. Para algunas víctimas, el
resultado final del abuso es el asesinato.
Un tema
que encontramos en las Sagradas Escrituras, comenzando desde el Génesis, es que
la mujer y el hombre han sido creados a imagen y semejanza de Dios. Como lo ha
dicho Juan Pablo II, "Tanto el hombre como la mujer, son seres humanos en el
mismo grado."10 En el Nuevo Testamento, Jesús se dirigió
repetidamente a aquellas personas de los estratos más bajos de la sociedad,
aquellas sin poder o autoridad, aquellas que no tenían alguien que hablara en su
defensa. El enseñó que todas las mujeres y hombres son seres dignos de respeto y
dignidad.
Jesús respetó en todo momento la dignidad humana de la mujer.
Juan Pablo II trae a colación que: "El modo de actuar de Cristo, el Evangelio de
sus obras y de sus palabras, es un coherente reproche a cuanto ofende la
dignidad de la mujer."11 Jesús salió de su camino para ayudar a las
mujeres más vulnerables. Piense en la mujer con la hemorragia (ver Marcos
5:25-34), o la mujer sorprendida en un acto de adulterio (ver Juan 8:1-11). Por
sus acciones hacia las mujeres así como en su modo de comportarse, no se
encuentra nada que refleje la habitual discriminación de la mujer propia del
tiempo; por el contrario, sus palabras y sus obras expresan siempre el respeto y
el honor debido a la mujer. Por sus acciones hacia las mujeres necesitadas,
Jesús dió el ejemplo a seguir por nosotros hoy día. Al igual que él, estamos
llamados a buscar las vías de ayudar a aquellas mujeres vulnerables que
encontramos en nuestro camino. También necesitamos encontrar las formas de
ayudar a aquellos hombres que quieren romper con los patrones del
abuso.
Como Iglesia que somos, uno de los aspectos más preocupantes del
abuso que se practica contra las mujeres está en el uso de los textos bíblicos,
sacados a colación, para justificar el comportamiento abusivo. Los consejeros
reportan que tanto las mujeres abusadas como sus agresores utilizan los pasajes
de las Escrituras para justificar su comportamiento.
Las mujeres abusadas
dicen: "Yo no puedo romper con esta relación. La Biblia dice que sería algo,
malo." Los hombres abusivos dicen: "La Biblia dice que mi mujer debe estar
sumisa a mí." Ellos toman los textos bíblicos y los distorsionan como un medio
de justificar su derecho a la agresión.
En nuestra capacidad de obispos,
condenamos el uso de la Biblia para justificar el comportamiento abusivo. Una
interpretación correcta de las Escrituras permite a las personas llevar una
relación basada en el amor y la mutualidad. Una vez más, Juan Pablo II lo
describe claramente: "En la 'unidad de los dos' el hombre y la mujer son
llamados desde su origen no sólo a existir 'uno al lado del otro', sino que son
llamados también a existir recíprocamente, 'el uno para el
otro'."12
Aún en aquellos pasajes donde la Biblia utiliza el
lenguaje tradicional para sustentar el orden social reinante en la época, la
imagen presentada no busca en ningún momento justificar el uso del abuso para
tener control sobre otra persona. En Efesios 5:21-33, por ejemplo, donde se
refiere a las relaciones interfamiliares, el principio general que prevalece es
el de la sumisión mutua entre el marido y la mujer. El pasaje presenta a los
esposos la imagen de que deben amar a sus esposas como aman a su propio cuerpo,
como Cristo ama su Iglesia. ¿Podría usted imaginar a Jesús agrediendo su
Iglesia?
Aquí se presentan algunas sugerencias prácticas pueden ser implementadas en
su parroquia y diócesis.
- Comience a creer que usted no está sola. Muchas mujeres han solicitado ayuda
y han encontrado el camino hacia una nueva vida para sí mismas y para sus
hijos.
- Hable en confianza con alguien en quien confíe: un familiar, una amistad, un
sacerdote de la parroquia, un diácono, una hermana. A pesar de que puede ser
inquietante el hablar de problemas familiares íntimos, confíe en ellos
diciéndoles toda la verdad sobre su problema.
- Si usted tiene que permanecer en la situación, al menos por el momento,
trace un plan de seguridad que pueda utilizar en caso de presentarse otro
episodio de abuso.
- Esto incluye: esconder una llave del carro en un lugar fuera de la
casa; mantener una cantidad pequeña de dinero en un lugar seguro; localizar un
lugar a dónde ir en caso de una emergencia. Cuando sienta que se acerca otro
episodio de violencia, salga de la casa inmediatamente y no regrese hasta que
tenga la seguridad de que ha pasado el peligro.
- Localice las instituciones en su sector que ofrezcan ayuda a las mujeres
agredidas y sus hijos. Su médico o el bibliotecario de la zona pueden referirla
a los grupos apropiados. La Oficina de las Caridades Católicas de su diócesis o
la Oficina de Vida Familiar puede ayudarla. Las oficinas de las Caridades
Católicas tienen frecuentemente consejeros capacitados entre su personal y
pueden ofrecer asistencia en casos de emergencia y otros tipos de ayuda.
- Las páginas amarillas de la guía telefónica tienen en su lista los refugios
para mujeres agredidas de su sector. El 911 es el número universal para llamar a
la Policía.
- Tenga el coraje de ver honestamente su comportamiento en la casa y
especialmente hacia su mujer. Comience a creer que usted puede cambiar su
conducta si se propone hacerlo.
- Tenga conciencia de que usted es el causante del abuso; no es su mujer la
culpable. No busque excusas para la agresión.
- Tenga la disposición de buscar ayuda. Hable con alguien que usted crea que
pueda ayudarlo. Póngase en contacto con las organizaciones de las Caridades
Católicas o refugios de su área para ver el nombre del programa para agresores
que adoptará.
- Mantenga todo el tiempo en su mente que la Iglesia está ahí para ayudarle.
Parte de la misión que nos encomendó Jesús es la de ofrecer ayuda cuando se
necesite. Contacte su parroquia.
- Encuentre otras formas alternativas de reaccionar cuando se sienta enojado o
frustrado. Hable con otros hombres que hayan atravesado por conducta agresiva y
la hayan superado. Entérese de lo que hicieron en esos casos y cómo lo
hicieron.
- Haga de su parroquia un lugar seguro donde las mujeres agredidas y los
hombres que agraden puedan solicitar ayuda.
- Aprenda lo más que pueda sobre violencia doméstica. Manténgase en estado de
alerta para detectar cualquier signo de abuso entre las mujeres de la
parroquia.
- Unase a la observancia nacional del mes de Octubre como "El Mes de la
Concientización Nacional sobre la Violencia Doméstica." Dedique por lo menos un
fin de semana de ese mes a la educación de los parroquianos en materia de abuso
y su eventual presencia en su parroquia.
- Asegúrese de que los sermones de la parroquia se refieran a la violencia
doméstica. Si las mujeres abusadas no oyen nada sobre el abuso, pueden creer que
a nadie le importa. Describa de lo que se trata el abuso de modo tal que las
mujeres empiecen a reconocerlo y puedan contar lo que les está pasando.
- Si usted sospecha de un abuso, haga preguntas directas. Pregunte a la mujer
si ella ha sido golpesada o maltratada en la casa. Evalúe cuidadosamente su
respuesta. Algunas mujeres no tienen conciencia de que están siendo abusadas o
mienten para proteger a sus maridos.
- Al hablar con una persona abusada, sea cuidadoso en su lenguaje. No diga
nada que pueda sustentar su creencia de que ella tiene la culpa y que debe
cambiar su comportamiento. La víctima no puede ser culpada. El agresor debe ser
el responsable de su conducta.
- En las sesiones de preparación para el matrimonio evalúe los métodos de la
pareja para lidiar sus diferencias y sus modelos familiares para la solución de
los problemas. Sugiera la posposición del matrimonio en caso de identificar
signos de abuso o de abuso eventual.
- En los programas de preparación para el bautizo, manténgase alerta de que la
llegada de un hijo y la inquietud de la espera puedan imitar al comportamiento
violento.
- Mantenga una lista actualizada de las instituciones para mujeres abusadas de
su área.
- Trace un plan de acción para seguir en caso de que una mujer agredida llame
solicitando ayuda o edifique un esquema de colaboración con la Policía de
agencias de asistencia a la violencia doméstica. Localice un lugar seguro para
las mujeres abusadas.
- Asegúrese de que todos los educadores y catequistas reciban entrenamiento en
la forma de reconocer el abuso.
- Insista en que las enseñanzas y exámenes estén exentos de cualquier tipo de
estereotipo sexual. La agresión puede desencadenar en acoso sexual.
- Trate de incluir a los albergues para mujeres y niños abusados en las listas
de servicio de las clases de confirmación y otros grupos de servicio.
- Incluya información sobre la violencia doméstica en las clases de sexualidad
humana y vida familiar.
- Promueva misiones de la parroquia para ayudar en los casos de violencia
doméstica.
- En los servicios de reconciliación de la parroquia identifique a la
violencia contra la mujer como un pecado.
- Incluya intercesores para las víctimas de abuso, para los hombres que abusan
de la mujer, y para aquellos que ayudan tanto a las víctimas como a los
agresores.
- Haga lo posible por utilizar un lenguaje detallado en las celebraciones
litúrgicas, del modo en que sea autorizado.
- Incluya en los Boletines de la parroquia y en los directorios una lista de
los nombres y números telefónicos de los contactos de la parroquia de modo que
las mujeres abusadas puedan llamar a solicitar ayuda.
- Busque la forma de que tanto las mujeres como los hombres estén
representados en posiciones de liderazgo de la parroquia (ejemplo: en las
finanzas de la parroquia y los consejos pastorales).
- Ofrezca tiempo libre para reunirse y formar grupos de mujeres abusadas y
hombres que cometen abusos.
- Imparta planes de educación en su parroquia o diócesis en referencia a los
crímenes de violencia contra la mujer.
- Busque ayuda de personas de recursos en su parroquia que puedan ofrecer
asistencia.
En última instancia, la mujer abusada deberá tomar sus
propias decisiones sobre quedarse marcharse del hogar. Es muy importante el ser
honesto con la mujer en cuanto a los riegos envueltos en este caso. Recuerde: La
mujer se encuentra en el punto más peligroso de su situación cuando trata de
abandonar su agresor. Las investigaciones han demostrado que "las mujeres que
dejan a sus agresores tienen un riesgo de un 75 porciento mayor de ser
asesinadas por el agresor que aquellas que se
quedan."13
Esta declaración ha sido dirigida hacia el problema de la violencia contra
las mujeres en sus hogares. Tal violencia tiene repercusiones directas sobre
todos los que allí conviven, incluso hasta el extremo de sentar las bases para
una situación de violencia reiterada en generaciones posteriores. Por
consiguiente, urgimos a todos los padres y educadores y catequistas a enseñar a
los niños desde una edad temprana que el abuso no es una conducta
apropiada.
Como todos los pastores de la Iglesia, debemos dedicarnos a
estimular todo aquello que fomente y fortalezca la vida familiar. Una de las
fuentes que tenemos en nuestra vida de cristianos es la oración.
Los
salmos en particular captan la dimensión y el alcance de la angustia humana y
nos dan la esperanza y seguridad de la ayuda de Dios. El Salmo 31 debe haber
sido una oración especialmente dirigida a las mujeres que están atravesando por
situaciones de abuso. Con todos ustedes oramos:
"Señor, ten compasión
de mí, pues estoy entre angustias; mis ojos mi alma y mi
cuerpo languidecen de tristeza. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
. . . Mis enemigos hacen burla de mi, mis vecinos se horrorizan y mis
conocidos se espantan de mí. Si me ven en la calle se alejan de mí
(...) Soy como el objeto gastado y olvidado . . . Pero yo, Señor, confío
en tí, recuerdo que "tú eres mi Dios." (Salmo 31:10-15)
- Comité, para Asuntos Sociales, Asamblea de Obispos de Quebec. A Heritage
of Violence: A Pastoral Reflection of Conjugal Violence (Montreal:
1'Assemblee des eveques du Quebec, 1989).
- Líderes de la Iglesia de Canadá, "Violence Against Women." Testimonio
presentado por una coalición de mujeres al panel canadiense contra la violencia
hacia las mujeres.
- Council on Scientific Affairs, American Medical Association, "Violence
Against Women," Journal of the American Medical Association (JAMA) (June
17, 1991: 3184-3189).
- The Women's Commission, A Pastoral Response to Domestic Violence
(Richmond, Va.: Catholic Diocese of Richmond, n.d.).
- Commission on Women in Church and Society, Pastoral Response to Domestic
Violence Against Women (Buffalo, N.Y: Catholic Diocese of Buffalo,
n.d.).
- United States Catholic Conference, Office of Domestic Social Development,
Violence in the Family: A National Concern, a Church Concern. Barbara Ann
Stolz, ed.
- Ad Hoc Committee for the Pastoral on Women in Society and in the Church,
National Conference of Catholic Bishops, Called to Be One in Christ
Jesus, tercer borrado (Washington, D.C.: USCC, 1992), 46.
- JAMA, ibid.
- Ibid.
- Juan Pablo II, Mulieris Dignitatem (Sobre la Dignidad y la Vocación de la
Mujer), Carta Apóstolica en ocasión del Año Mariano, 1989.
- Ibid., 15.
- Ibid , 7.
- National Coalition Against Domestic Violence, 1990.
Cuando
Pido Ayuda: Una Respuesta Pastoral a la Violencia Doméstica contra la Mujer
es una declaración con la colaboración del Comité de Obispos sobre el Matrimonio
y la Vida Familiar y el Comité de Obispos sobre la Mujer en la Sociedad y en la
Iglesia, ambos de NCCB. Fue preparada por el Secretariado de la Familia, los
Laicos, las Mujeres y la Juventud bajo la dirección de dichos comités. Fue
aprobada por el Comité Administrativo en septiembre de 1992 y affirmado por los
miembros de la NCCB/USCC en noviembre de 1992. Su publicación ha sido autorizada
por el que firma.
Monseñor Robert N. Lynch, Secretario General,
NCCB/USCC
Copyright © 1992 de la United States Catholic Conference,
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este trabajo puede reproducirse o ser transmitida. en cualquier forma o por
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